Invocación (Segunda parte)

El Archimago llevó a Luthios a la Sala de Meditación, una sala que los estudiantes utilizaban en época de exámenes para estudiar y practicar lo aprendido. La Sala estaba mágicamente protegida ya que allí se llevaban a cabo las prácticas de muchos magos inexpertos.

“Luthios” – le espetó el Archimago – “es necesario que ahondes en el conocimiento de tu ser, y me digas quien eres en realidad. Solo descubriéndolo por ti mismo te convertirás en aquel que estás destinado a ser”.

“Pero Maestro Archimago” – contestó un confundido Luthios – “yo no sé hacer Introspecciones todavía, no hemos llegado a ese punto en el temario”.

“No mientas Luthios” – contesto apaciblemente el Archimago – “Sé que has estado entrenando técnicas de dos cursos por encima del tuyo, ya que debido a tus habilidades innatas, en clase te aburres. Es momento de que pongas en práctica aquello que sabes. El destino de todo y todos puede residir en ello, Luthios”.

“Esta bien Maestro” – contestó avergonzado. En ese momento Luthios cerró los ojos y se concentro en si mismo. Al momento apareció ante el ojo de su mente la Mansión de la Memoria, como el la llamaba, el lugar donde todos sus conocimientos y recuerdos descansaban. Buscó por las habitaciones de la inmensa estructura, maravillándose de nuevo al ver los grabados y pinturas que la adornaban, hasta que dio con el Texto que necesitaba.

“Maestro Archimago, escúchame” – dijo Luthios, con una voz más adulta, y tranquila- “Nada has de temer pues soy el Hechicero”.

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